Pilares
El Ambiente
La filosofía Montessori propone una manera de ser en el mundo; una forma de conducirse en la vida. Básicamente por esta premisa fundante, es que puede adecuarse tanto a la vida escolar como en casa. En la escuela, el espacio destinado a los niños se llama Casa de los Niños, poniendo de manifiesto, casi de manera revolucionaria, que el marco escolar y de estudio deben ser considerados lugares cálidos y de ambiente familiar. Hablamos de un espacio comunitario abierto a la vida real y no escindido del mundo. Un lugar en donde se aprende viviendo juntos y desarrollando actividades. El mundo de los niños es el mismo mundo de los adultos y depende en gran medida de quienes somos conscientes de ello, que integremos estas dos dimensiones en una sola, de manera que convivan y se retroalimenten mutuamente.


El enfoque educativo Montessori se centra en el desarrollo de la personalidad del niño, de sus intereses y necesidades en distintas dimensiones: su aspecto físico, intelectual, creativo, emocional y espiritual. En cada etapa del desarrollo, el niño tendrá necesidad de desafíos diferentes que serán ofrecidos a través del ambiente y el entorno que los rodea. El espacio enriquecido y diseñado minuciosamente, no sólo pone a disposición del niño, todos los materiales, la información, los contenidos y las herramientas que necesita para satisfacer sus intereses y curiosidad, -que aparecerán espontáneamente de acuerdo a las características de cada niño y la etapa del desarrollo en la que se encuentre-, sino que está al servicio del niño, respetando sus posibilidades físicas, intelectuales y emocionales, y contribuyendo al desarrollo de la independencia y la autonomía, reforzando la confianza en sí mismo y la seguridad personal.
En tu hogar, puedes compartir los espacios comunes con este criterio, destinando un sector a las necesidades y posibilidades del niño. Esto no significa que tu casa deba convertirse en un espacio para niños, sino que encontrarás el equilibrio justo, en donde conviven adultos y niños en los mismos lugares, respetando las zonas comunes y las personales, manteniendo el orden y la belleza del lugar, enriqueciendo con nuevos elementos y adornos continuamente.


Además, podrás organizar tu hogar con espacios exclusivos para adultos, en donde el niño aprenderá a preguntar antes de manipular objetos o intervenir en el espacio; y a la vez, la habitación del niño por ejemplo, estará pensada íntegramente para su tamaño y capacidades de manera que se desenvuelva con total autonomía y libertad en su espacio.
Es así como esta mirada educativa se transforma en una ayuda para la vida, tal como lo describía M. Montessori: le da al niño seguridad y confianza en sí mismo para desenvolverse en el mundo, convertirse en un adulto feliz, responsable, creativo, emprendedor, comprometido y capaz de cuestionar y pensar críticamente.